Data: Tue, 20 Nov 2001 23:00:06 -0800 (PST) De: Melina Alfaro <[EMAIL PROTECTED]> Assunto: Un ALCA desorientado, pero muy discreto
Globalizaci�n Un ALCA desorientado, pero muy discreto Germ�n A. de la Reza* Una pregunta circula insistentemente entre los especialistas en el �rea de Libre Comercio de las Am�ricas (ALCA): �Porqu� Am�rica Latina pone tanto empe�o en la prosecuci�n de un acuerdo que no le implica concesiones sustanciales a Estados Unidos y que, por el contrario, exige a los pa�ses peque�os y medianos del continente un elevado esfuerzo de adecuaci�n y de reducciones arancelarias? La inquietud no obedece tanto a la falta de respuestas, sino al d�bil fundamento que ofrecen los argumentos en boga. Consideremos algunos de �stos, empezando por el principal y m�s obvio: lograr el acceso preferencial al mercado estadounidense para las exportaciones latinoamericanas. Por el tipo de acuerdo y considerando el rumbo de las negociaciones, es probable que lo substancial de la liberalizaci�n comercial se lleve a cabo en el terreno de los aranceles. Si se considera que Estados Unidos tiene un promedio cercano a 2 por ciento (frente a 10 por ciento latinoamericano) y que los instrumentos unilaterales y no arancelarios que emplea ese pa�s para la protecci�n de su mercado no est�n sujetos a negociaci�n, la creaci�n del ALCA no parece susceptible de generar un acceso muy distinto al actual. Su vasto arsenal de disposiciones unilaterales incluye la Secci�n 301, la Super 301 y la Especial 301, consagradas a la defensa de intereses en materia de propiedad intelectual; la Secci�n 232 le permite limitar las importaciones que afectan la "seguridad nacional"; la Secci�n 122, por su parte, controla las situaciones de emergencia en los desequilibrios comerciales frente a pa�ses que logran excedentes; la Ley Agr�cola de 1956 y sus enmiendas, de su lado, resguarda los precios y subsidios otorgados a esa industria en Estados Unidos. Entre los instrumentos no arancelarios resaltan por su utilizaci�n las medidas antidumping (147 casos iniciados a partir de 1987 contra productores latinoamericanos), destinadas a proteger a la producci�n nacional frente a las llamadas "pr�cticas desleales" de comercio. Ninguna de estas normas ha sido propuesta para su erradicaci�n y es probable que el ALCA les confiera incluso un lugar m�s aceptable entre los usos y costumbres del comercio interamericano. Otra ventaja que se atribuye al ALCA es la mayor captaci�n de inversiones directas extranjeras. Normalmente este tipo de inversi�n es sensible a los proyectos de ampliaci�n de mercados y a las oportunidades que brinda a la industria de escala. Sin embargo, no es el �nico factor que una empresa transnacional considera. Otros elementos pueden ser tanto o m�s importantes, como la existencia de salarios competitivos, la presencia de infraestructura y de legislaciones adecuadas, la cercan�a a mercados centrales, el desempe�o macroecon�mico o pol�tico del pa�s, entre otros. Esto hace que la atracci�n de IED sea un asunto m�s complejo e incierto que la mera proliferaci�n de acuerdos de libre comercio, sin contar que la masa de capital disponible es menor a las necesidades productivas de Am�rica Latina y que la rivalidad internacional por esos flujos va en aumento. Un tercer beneficio que persiguen los gobiernos en las negociaciones del ALCA es la consolidaci�n del modelo de crecimiento basado en las exportaciones. Adem�s de las limitaciones que acabamos de rese�ar, obs�rvese en este caso una vulnerabilidad de tipo circular: Si, como es probable, el sustento estructural que ofrece el ALCA no se combina con resultados econ�micos s�lidos, el modelo exportador podr�a verse afectado en su legitimidad pol�tica y de esa manera restarle convocatoria. Existe una explicaci�n adicional, quiz�s la m�s escurridiza en t�rminos anal�ticos, pero que algunas declaraciones oficiales parecen avalar: La toma de decisiones en Am�rica Latina no tiene clara conciencia de lo que est� negociando. Esto se combina con el hecho que la complejidad t�cnica de las negociaciones, extrema en la mayor�a de los temas, ha disuadido la reflexi�n amplia y plural sobre las distintas implicaciones del ALCA. Pero el galimat�as de disposiciones jur�dicas que caracteriza a las negociaciones produce adem�s de su aislamiento, el que la regi�n se deslice casi sin advertirlo hacia una situaci�n comprometida: El ALCA impulsa un acuerdo sin instrumentos de cooperaci�n, carente de tratamiento especial para las econom�as m�s vulnerables (salvo calendarios prolongados, in�tiles para hacer frente a las limitaciones del menor desarrollo), y no s�lo no toma en cuenta a los esquemas de integraci�n latinoamericanos, sino que los debilita mediante una convocatoria estelar. Tanto las negociaciones como la din�mica emergente del ALCA se presentan como un sistema de relaciones individuales de cada pa�s con Estados Unidos. La probabilidad de que la perseverancia gubernamental se explique sobre todo por este �ltimo argumento, constri�e a los actores de la llamada "sociedad civil" a promover un debate cuyos significados la toma de decisiones podr�a querer ignorar. Esa tarea implica antes que nada el abandono de la actitud de avestruz que ha caracterizado hasta ahora a parte significativa de los an�lisis. Aunque el "draft" (primera versi�n) del tratado circula libremente por Internet (www.ftaa-alca.org), muchos analistas todav�a prefieren ver en el ALCA un proyecto provisional capaz de ser vulnerado por problemas de coyuntura, tales como el retraso en la obtenci�n del fast track por parte del ejecutivo estadounidense, la posici�n menos entusiasta del Brasil y de Venezuela, incluso los recientes atentados contra el World Trade Center de Nueva York. Sin embargo, es poco probable que estos hechos alteren las negociaciones iniciadas en abril de 1998. Tampoco lo hicieron las crisis financieras m�s severas de los �ltimos a�os. La devaluaci�n del peso mexicano, el efecto "samba" y los agudos problemas fiscales de la Argentina, intervinieron poco despu�s de las Cumbres de las Am�ricas de Miami, Santiago y Qu�bec. Hasta ahora el ALCA ha sido identificado con un dato m�s de la "globalizaci�n" y de la "inserci�n en la econom�a mundial" como resultado de una operaci�n intelectual, c�moda pero incorrecta. Aunque las negociaciones no est�n exentas de dificultades y de disensos, es cada vez m�s claro que el acuerdo se proyecta como un importante factor sobre el devenir no s�lo econ�mico de Am�rica Latina. En varios sentidos constituye una estructura emergente que afecta las estrategias externas de la regi�n y que el draft del tratado le confiere elementos de irreversibilidad. En ese contexto, "la mejor versi�n del ALCA para Am�rica Latina", como propone el SELA, implica el �ya apremiante�desaf�o de evitar trastocarse en objetos pasivos de una realidad que se construye ante nuestros ojos. ------------------------------------------------------------ * El autor es coordinador de investigaci�n en integraci�n econ�mica y profesor de la misma materia en la UAM y la UNAM, M�xico. ------- End of forwarded message ------- N�stor Miguel Gorojovsky [EMAIL PROTECTED] _______________________________________________ Leninist-International mailing list [EMAIL PROTECTED] To change your options or unsubscribe go to: http://lists.econ.utah.edu/mailman/listinfo/leninist-international
