Aunque ya hace días que esta nota de Roser Lozano fue publicada en la lista, la 
retomo para compartir  algunas reflexiones  sobre el tema que plantea a punto 
de cerrar la puerta del 2010 y abrir la del 2011 con una buena dosis de  
incertidumbre.

 

El contexto social, político y económico afecta negativamente  a todos los 
colectivos sociales y es difícil sustituir la incertidumbre por  expectativa y  
por oportunidad para  encontrar nuevas vías y soluciones.

 

El tono del discurso de Roser no es muy optimista y comparto muchas de sus 
reflexiones y respuestas que da a las mismas,  tantas veces,  tema de 
conversación entre compañeros/as bibliotecarios y en otros grupos ajenos.

 

Ciñéndonos a nuestra profesión y a pesar de que continuamente estamos hablando 
de reinventarnos, no cabe la menor duda que  tenemos que cambiar en muchos 
aspectos  por propia pervivencia  del colectivo,  y esto, es algo que fluctúa 
en el ambiente aun en bibliotecas más resistentes a adoptar ningún cambio.

 

Estoy de acuerdo que la capacidad de innovación va insertada en la personalidad 
de las personas más que en las organizaciones, personas inquietas, con 
imaginación tanto en  su vida profesional como personal, capaces de salir de la 
espiral y el convencionalismo. Innovar implica arriesgar, es ir contra el 
sistema establecido y  es preciso contar con  grandes dosis de fortaleza y 
perseverancia para desarrollar una idea que casi siempre surge en solitario 
como diseñador pero que siempre  necesita apoyo para la ejecución,  y cuantas 
se quedan en el diseño, porque los obstáculos acaban por anular la idea y la 
persona frustrada vuelve a la espiral.

 

Cuando se refiere al perfil de los jóvenes y futuros profesionales innovadores, 
la proyección no deja de ser similar a otras titulaciones, intentamos formar  
para la adquisición de competencias intentando generar  mentes abiertas, 
reflexivas, analistas, creativas… y los sistemas de acceso a la función pública 
en poco valor ponen la capacidad de innovación y creatividad, véase como 
alcanza una plaza un juez, un maestro…etc.  y en la empresa privada los 
empleadores apuntan que los jóvenes profesionales aportan un título que avala 
sus conocimientos pero carecen  de habilidades para saber hacer. Por tanto se 
da claramente una disfunción total entre el  sistema educativo y el mercado 
laboral.

 

Sin embargo, no quiero ser pesimista ante el futuro. Tenemos que tener en 
cuenta que todo ha ido muy rápido en estos últimos años y no hemos tenido 
tiempo de adaptarnos  a las nuevas necesidades, perfiles, sistema educativo, 
exigencias profesionales, pero siempre hemos sido un colectivo innovador y 
puntero en muchos aspectos. No vamos a salvar el mundo pero si podemos jugar un 
papel  importante y debemos adoptar esa responsabilidad. A veces la innovación 
está en el trabajo diario, en la flexibilización de las normas, en estrategias 
concretas y puntuales, en planificar teniendo en cuanta la realidad o las 
distintas realidades, aprovechando todas las oportunidades, intentando conjugar 
esfuerzos con otros colectivos y compartiendo las experiencias, los problemas  
entre nosotros para buscar soluciones a través de nuestras buenas prácticas que 
como colectivo nos honra por la capacidad innata de cooperación, que si no 
abarca a todos/as, si a muchos.

Afrontar el futuro con cierto grado de optimismo e ilusión contribuirá a 
impulsar el cambio.

Querida Roser, afrontemos este nuevo año como el lince 

 “demos vida a los sueños para no matar el alma” (….)

Carmen Varela Prado

 

 

De: Foro para profesionales de bibliotecas y documentación. 
[mailto:[email protected]] En nombre de Roser Lozano
Enviado el: miércoles, 22 de diciembre de 2010 16:45
Para: [email protected]
Asunto: [IWETEL] Thinkepi: Bibliotecas y bibliotecarios en búsqueda de la 
innovación perdida

 

 

 

Bibliotecas y bibliotecarios en búsqueda de la innovación perdida.

 

Roser Lozano, miembro del grupo Thinkepi. 

 

Los días 18 y19 de noviembre de 2010 tuvieron lugar en la Biblioteca Nacional 
Las XII Jornadas de Gestión de la Información de SEDIC 
<http://www.sedic.es/xii_jornadasgestion/programa.htm> .  Se centraron en “El 
valor económico de la información: mercados, servicios y rentabilidad” y fue 
muy estimulante participar en ellas. 

 

La tercera mesa redonda,  “ Innovar o morir ”se dedicó básicamente al binomio 
“innovación + emprendedores”. En el debate, entre otros temas, surgió de nuevo 
la cuestión sobre si los profesionales de la información somos o no innovadores 
y cómo se puede innovar. 

 

Algo que es repetitivo en el día a día de nuestra profesión, sobre todo en 
jornadas,  congresos y foros profesionales, es la llamada continua a la 
“innovación”: innovación en el modelo de biblioteca, en la forma de proponer 
espacios y servicios, en la forma de trabajar, etc.  

 

En esta nota ThinkEpi rescato algunas reflexiones que me surgieron a raíz de 
las sugerentes intervenciones tanto de ponentes como del público, no tanto con 
la intención de ofrecer respuestas, complejas todas ellas, sino para compartir 
unos cuantos pensamientos con vosotros en la búsqueda conjunta de nuevos 
argumentos. 

 

En primer lugar, una de las intervenciones me sugirió que  la pregunta que 
periódicamente se lanza en nuestros foros profesionales :  “Cómo se innova en 
nuestra profesión” o “Qué se debe hacer para innovar? quizás la deberíamos 
“re-formular” . 

 

Me explico: ¿Nos imaginamos a un pintor preguntando a otro como se pinta o a un 
escritor investigando y preguntando a otro como se escribe? Se sabe pintar o 
no, se sabe escribir o no, se puede incluso explicar cómo se ha pintado un 
cuadro o el proceso de escritura del libro, pero difícilmente el hecho de 
explicar la técnica convierte a la otra persona automáticamente en un pintor o 
en un escritor.

 

El creativo, el innovador, el emprendedor o como deseemos llamar a este perfil 
concreto de personalidad cuenta con unas habilidades determinadas que pueden 
potenciarse  a posteriori mediante el aprendizaje, la práctica, el 
benchmarquing…etc.,  pero que ya están innatas en el perfil de su personalidad. 
En este punto podríamos caer en el debate “determinismo versus aprendizaje” 
intentando analizar si un innovador nace o se hace. Esta aparente contradicción 
en  mi opinión no es tal. Se aprende aquello a lo que estamos predispuestos y 
por tanto el mero deseo de desear incorporar nuevos conocimientos de alguna 
forma ya revela que poseemos una serie de habilidades y de intereses 
(desconocidos a veces incluso para nosotros) que nos hace atractivas unas 
actividades  y que en cambio nos hace rechazar otras.

 

Un innovador lo es siempre, no únicamente en su profesión. Lo es también en su 
vida privada, en su forma de comunicar, en sus hábitos y costumbres, en los 
retos que se propone…etc. En mi opinión, ser innovador no es exactamente 
sinónimo de alguien que tiene una idea, más bien es alguien que “persigue” la 
idea, que cree tozudamente en ella hasta el punto de que cree que vale la pena 
correr el riesgo de llevarla a cabo, es alguien que le apasiona cambiar  
realidades, que se siente a gusto y tiene curiosidad por los cambios, pero no 
como espectador, si no como actor. 

 

Y no nos engañemos: No innovan las organizaciones, sino las personas. Las 
organizaciones innovadoras lo saben bien y potencian el talento de sus 
colaboradores. Y además, un innovador puede serlo tanto en el mundo empresarial 
privado como en los servicios públicos, que es uno de los destinos laborales 
preferentes de los bibliotecarios.  

 

Y ello me deriva a la  segunda reflexión  que deseo compartir: ¿Los 
bibliotecarios innovadores pueden encontrar su lugar y trabajar a gusto en la 
esfera de los servicios públicos?  ¿Qué tipo de  organización necesitamos en la 
función pública y por tanto también en las bibliotecas para promover una 
cultura de la innovación?

 

1- Creativos versus implantadores. 

 

Y se me revelaron como necesarios para la organización dos tipos de perfiles 
bibliotecarios diferentes y complementarios a la vez:

 

1-     Un perfil creativo, innovador, que “sabe” poner en cuestión el estatus 
establecido, con una visión diferente, apasionado por el reto y por el cambio. 
Si a esta persona se le pide que únicamente implemente y acate órdenes seguro 
que no se siente a gusto con su trabajo.

 

2-     Un perfil “implantador”, al que se le pide que ejecute bien aquello que 
ya está creado y establecido. Mantiene el orden y la sistematización. Si a este 
perfil se le pide que asuma el rol de innovar, de romper moldes, se sentirá 
igualmente incómodo. No se puede pedir a un implementador nato grandes dosis de 
innovación. 

 

Evidentemente no todo es blanco o negro. Entre estos dos perfiles hay una gama 
de grises en la que se combinan ambos, e incluso excepcionalmente, ambos pueden 
conjugarse en la misma persona. 

 

Ambos perfiles ( creativo e implementador) se complementan y son necesarios 
para la organización, y ésta debería tener en cuenta de que las personas que 
están desempeñando un determinado puesto de trabajo tengan las competencias  
adecuadas a él. Y ello,  no únicamente porque se es más “productivo”, sino 
también porque la persona es “más feliz” en su trabajo. Una persona situada en 
el puesto de trabajo adecuado a sus conocimientos y habilidades se sentirá más 
segura con los objetivos y retos que tiene planteados y será más eficaz en su 
tarea cotidiana. 

 

Es evidente de que un colectivo  como el nuestro que cada vez más se 
autodenomina “profesional de la información”, la innovación no debería ser algo 
superpuesto, añadido, algo que se persigue y que cuesta conseguir, algo que 
continuamente se ha de alentar. La innovación, o al menos rasgos claros de 
innovación, deberían estar presentes en la esencia de todo profesional actual 
por muchas razones, pero por tres hechos como mínimo:

 

1-   Nuestra “materia prima”, la información, cabalga sobre tecnología y por 
tanto está en el ojo del huracán de toda transformación. Actualmente es 
inseparable la combinación “información-tecnología-innovación”

 

2-   Las bibliotecas tienen su razón de ser en el servicio al usuario, y éste 
no es algo abstracto sino que son personas que pertenecen a la actual sociedad 
del conocimiento, multicultural y global, con hábitos y usos culturales en 
constante cambio, “innovandose” constantemente. No podemos “entender” a estos 
usuarios y proponerles nuevos servicios desde el pasado, desde una mentalidad 
postindustrial. Se han de explorar y lanzar nuevas ideas con riesgo, 
adelantándonos al futuro y no tanto analizando las necesidades de nuestros 
clientes actuales.  

 

3-   Si son las personas las que innovan y no las organizaciones, necesitamos 
al frente de las bibliotecas y de las estructuras bibliotecarias perfiles 
profesionales comprometidos con la innovación, y ello significa, personas sin 
miedos, valientes y capaces de hacer el cambio de estructuras y de organización 
que nuestras bibliotecas necesitan. Gestión e innovación no deberían ir tan 
separadas como van actualmente. Innovar desde el punto de vista de la gestión, 
no tiene nada a ver con tener “ideas” propias y ordenar a los otros que las 
pongan en práctica, sino con la capacidad del directivo de saber identificar 
aquellas que son factibles y creativas, que no tienen porqué ser propias, 
implementarlas con éxito, generar valor con el resultado  y ser útiles desde la 
perspectiva del ciudadano. 

 

2- Innovación y perfil del profesional de la información. 

 

La innovación tiene que formar parte de nuestra vida cotidiana en la 
biblioteca, si. Ya lo sabemos.  Pero debemos huir de la “tiranía de la 
innovación”. La innovación mal entendida por una organización puede generar una 
presión excesiva en las personas e incluso simplemente generar un movimiento 
falso, en el sentido de conformarse con “parecer  innovadores” como muy bien 
apunta Nieves González en su blog. 
<http://www.nievesglez.com/2010/03/culturas-de-innovacion-vs-cultura-de.html>  
“La innovacion debería ser una exigencia en el puesto de trabajo y no puede 
gestionarse como se gestiona la calidad ”, nos comenta muy acertadamente. 

 

Siguiendo con mis  reflexiones  me surgieron estas nuevas preguntas: ¿Porque 
nos interrogamos tanto sobre cómo innovar en nuestra profesión? Y quizás me 
atrevería incluso a ir más allá en mis planteamientos: ¿Somos un colectivo y  
una profesión atractiva para incorporar a nuestras filas perfiles innovadores? 
Si la respuesta es positiva, entonces  ¿Porqué escasea tanto la innovación 
bibliotecaria en nuestro país? Y si la respuesta es negativa: ¿Por qué razón 
esta profesión no atrae a perfiles innovadores?

 

Cabilando un poco más sobre el tema, me pregunté si la actual oferta formativa, 
el nuevo Grado de Información y  Documentación atrae a este tipo de estudiantes 
  creativos  e innovadores.  ¿A qué tipo de perfiles atrae y a que tipo rechaza 
el contenido formativo de este nuevo grado ? Porque una determinada oferta 
formativa puede ejercer atracción sobre determinados perfiles  y en cambio 
rechazar a otros. ¿Han elaborado las universidades o las asociaciones 
profesionales estudios al respecto? ¿Es igual de atractiva nuestra oferta para 
estudiantes creativos e innovadores como los estudios de comunicación, 
audiovisuales o de periodismo, por ejemplo? ¿Sabemos qué estudios son nuestros 
competidores más inmediatos y cómo hacer más atractiva y competitiva la oferta 
formativa para este tipo de perfiles creativos que necesitamos incorporar a la 
profesión? 

 

También  unas determinadas características estereotipadas del colectivo 
profesional pueden ser un polo de atracción o de rechazo  para las nuevas 
generaciones que se han de incorporar. ¿Se han realizado estudios al respecto 
de cómo nos ve el “imaginario colectivo” de forma seria y con afán de plantear 
cambios al respecto y no únicamente para pasar un rato divertido con  los 
estereotipos y chistes que todos ya conocemos? 

 

Y continuando con la reflexión: Supongamos que sí, que al final una buena 
legión de jóvenes creativos e innovadores se  nos cuelan en la profesión con el 
ánimo de ir cambiando cosas. ¿Superarían las pruebas de acceso a la función 
pública? ¿Las pruebas para la selección de personal están preparadas para 
detectar y aprobar a este tipos de perfiles?

 

 

3- Innovadores en organizaciones tradicionales. 

 

 

Supongamos que sí, que también han conseguido superar unas “creativas 
oposiciones” y se incorporan a su puesto de trabajo. Allí puede que se 
encuentren, por una simple cuestión de edad, con un jefe /a “inmigrante 
digital” que puede que la innovación no sea su prioridad, o incluso peor, que 
tenga “fobia” al cambio o a la tecnología, por las razones que sean.

 

¿Y finalmente: Cómo se sentirá este joven emprendedor cuando finalmente entre a 
trabajar  en una biblioteca y en la evaluación de desempeño de su puesto de 
trabajo únicamente se le valore su competencia ejecutora?  Porque en la mayor 
parte de las redes y sistemas bibliotecarios de nuestro país la biblioteca está 
considerada únicamente como un servicio finalista donde debe primar la 
implementación, el acatamiento y cumplimiento de estándares, normas y órdenes y 
donde la iniciativa emprendedora muchas veces incluso molesta.   

 

Además, son las personas las que innovan, pero no solas y cerradas en sí 
mismas. La innovación requiere diversidad de perspectivas, experiencias y 
conocimientos. Requiere aflorar talentos trabajando transversalmente, en 
cooperación. Hoy más que nunca, las bibliotecas  necesitamos el empuje de 
muchos otros colectivos diferentes a los bibliotecarios. La cooperación ha de 
salir fuera de nuestro ámbito profesional, hemos de salir de nosotros mismos y 
acercarnos a otros colectivos. No podemos innovar si continuamos cerrados en 
nosotros mismos y con miedo a “los otros. 

 

Si soy sincera y realista, no creo que reflexiones como éstas ayuden demasiado 
a cambiar nuestro mundo profesional.  La situación actual y en un futuro 
cercano se percibe realmente compleja. Se necesitarían  muchos cambios, muy 
rápidos  y poner a funcionar mucha capacidad de decisión. Mientras tanto, nos 
conformaremos y continuaremos  debatiendo en congresos y jornadas sobre cómo 
incorporar la innovación, aunque después realmente una gran parte de nuestro 
trabajo se desempeñe forzosamente de espaldas a ella.


Roser Lozano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 





 

 

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Los archivos de IWETEL  pueden ser consultados en: 

               http://listserv.rediris.es/archives/iwetel.html

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