Tiene razón Jairo Valenzuela al quejarse de la falta de cultura de quien 
escribe la nota en la Revista Cambio. No me refiero a los puntos sobre los que 
el galerista ha llamado nuestra atención. Señalo el descuido que ya notó Iván 
Rickenmann. Me sorprende que una publicación tan importante deje pasar tantos 
gazapos gramaticales, para no mencionar los pertinentes a las prácticas 
artísticas contemporáneas y sus conceptos, de los cuales la periodista puede 
ser exculpada. A Gina, en otras oportunidades tan cuidadosa y celosa con 
respecto al estilo, en esta oportunidad ha sido bastante generosa. No creo que 
se le hayan ido las luces, pero olvidó mencionar que estas pequeñas grandes 
cosas son muy importantes para una revista de prestigio literario. No obstante, 
no nos compete a nosotros, aficionados por vocación y convicción, evaluar a los 
profesionales del discurso, a los escribientes del régimen. Sólo cito una 
perla: «¿porque será que el silencio de cuando se va la luz es más intenso que 
el silencio de cuando uno apaga la luz?» Pregunto a continuación: ¿por qué será 
que esta pregunta no señala una línea argumentativa clara como reclama el señor 
Valenzuela? ¿Falta de experiencia del medio que explora la periodista o es que 
su versión de Word no tiene corrector de ortografía?

Dejémonos de formalidades, así sean relevantes. Tienen razón quienes han 
señalado prudentemente que entre los eventos reseñados en el artículo no es 
posible una comparación, por supuesto, que sea legítima. Es más. Es una torpeza 
metodológica, se mesclan peras con papas. No obstante, ante el silencio de 
quienes hubieran podido hablar con más propiedad y claridad, quizá el artículo 
fue bien intencionado. Aunque debemos considerar, con todo el respeto que 
merece la periodista, si el impacto que tuvo la nota en el medio artístico 
proviene no tanto de lo dicho por ella, sino por la empresa que lo publicó. 
Todavía padecemos síndrome de abstinencia de gran prensa.

El señor Valenzuela olvidó mencionar algo importante, que con seguridad debe 
conocer. El interés del arte contemporáneo por los lugares abandonados de la 
mano del diablo o llevados a la ruina por sus acólitos capitalistas, tiene un 
propósito epistemológico. La verdad no es algo que resplandece a partir de unos 
principios universales –pensamiento moderno–. Al contrario, y ésto es lo 
importante. Los artistas contemporáneos consideran que la verdad se revela a 
partir de los fragmentos que logran resistir la fiereza del tiempo que devora a 
sus hijos, comenzando por los mejores, los innovadores. Los artistas 
contemporáneos desprecian la solvencia y la luminosidad de Zeus y aprecian con 
fervor las obras del contrahecho y menesteroso Hefeistos.

Es cierto. Alcuadrado supo aprovechar este giro epistemológico que caracteriza 
nuestra época, aunque no siempre ha aplicado con éxito esta herramienta 
conceptual. Las puestas en escena que más llamaron mi atención fueron la 
exposición de Juan Fernando Herrán en el Centro Cultural Jorge Eliecer Gaitán y 
la de Miguel Ángel Rojas en la fallida construcción para el Hotel Hilton, en la 
Carrera Séptima de Bogotá. Este criterio epistemológico fue el que orientó la 
participación de la Facultad de Artes-Asab de la Universidad Distrital, en el 
VII Encuentro de Performance y Política. En este caso, el lugar seleccionado 
fue el Antiguo Matadero Distrital. La construcción endemoniada y exorcizada no 
fue utilizada como estantería para colgar algunas ideas estéticas, o para 
feriarlas al mejor postor, o para ofrecerlas a los consumidores compulsivos de 
imágenes. Al contrario, con el propósito de dar un poco de luz a nuestra época, 
sus muñones fueron limpiados e incorporados como elementos que detonaron y 
guiaron la construcción del sentido en la alegoría propuesta.

Recurrir a lugares marginales –coloquialmente llamados alternativos– tiene el 
propósito de evidenciar la menesterosidad de la condición humana, de cambiar 
los referentes epistemológicos que nos permiten destilar la realidad. En este 
sentido la propuesta de Jairo Valenzuela es una acción que no se puede comparar 
trivialmente con los bazares de arte. En potencia es otra cosa y así debe 
entenderse, si resta algo de generosidad en el mundo. Esto no quiere decir que 
no haya cosas que mejorar, siempre existen cosas que exigen mejoras, y quizá no 
menores. Por ejemplo, pensar mejor los espacios seleccionados; relacionarlos 
con el pensamiento de los artistas; no silenciarlos, como hicieron los 
museógrafos de La Otra, quienes negaron la posibilidad de diálogo con la 
arquitectura como estrategia para estimular el interés de los ciudadanos por 
los discursos propuestos. Por supuesto, intervenir con éxito un lugar rico en 
sentido para una comunidad no es asunto fácil. Este es un asunto que hemos 
visto en el Premio Luis Caballero. Se requiere mucha paciencia y generosidad 
para comprender estos lugares. Mario Opazo habló de que su experiencia en la 
Galería Santafé fue guidada por la idea de habitar. Y tiene razón. No se trata 
de blanquear, de borrar las huellas de estos lugares significativos. El 
propósito debe ser limpiar los muñones, activarlos para enriquecer el diálogo 
en ellos detenidos o reprimidos. En esto consiste el giro epistemológico 
mencionado. Por supuesto, es más fácil realizar las ideas estéticas en un 
taller privado, y llegar dos días antes al espacio asignado para colgar la obra 
y posteriormente desmontarla, sin más consideraciones; pero es una acción muy 
simple: ¿de espíritu moderno? Observé en La Otra mucho muro falso innecesario. 
Un lugar tan generoso, dinámico y versátil no merece estas imposturas.

Alquilar un lugar para desahogar en él una nostalgia de museo, o para 
solucionar provisionalmente problemas de espacio, no tiene mérito alguno. No 
creo que éste sea el propósito de Jairo Valenzuela, así él lo haya manifestado, 
por lo menos no lo puede ser a futuro. Por eso su acción no se puede comparar 
legítimamente con Bazares de Arte, así el propósito sea vender. No obstante, si 
en verdad su propuesta pretende ser una alternativa artística para nuestra 
ciudad más que una estrategia comercial para competir con eficacia con sus 
rivales, son varias los asuntos que deberá tener en cuenta, entre ellos la 
crítica. Así ésta sea informal, como aquella de la cual nos ocupamos. El 
desierto cultural de la ciudad será refrescado y la ciudadanía lo agradecerá, y 
por lo tanto, esperamos que el fisco también apoye financieramente sus futuras 
iniciativas . Ante tantos Lugares Comunes, debemos exigirlo.

Ignoro cuál es la participación de dineros fiscales en Artbo; si en verdad 
existe esta inversión pública en este proyecto de iniciativa de carácter 
privado. Sería deseable saber si no es una especie de Arte Ingreso Seguro. Como 
ciudadano me gustaría estar mejor informado al respecto. Tampoco entiendo por 
qué el señor Jairo Valenzuela no recibe apoyo fiscal, si la ciudad y sus 
artistas se benefician con estas iniciativas. Por supuesto, debe haber 
contraprestaciones. Por ejemplo y entre otras, garantizar el ingreso gratuito a 
los estudiantes. El filtro económico fue frustrante para muchos jóvenes, en 
especial para los estudiantes de artes que tienen fe en que el arte en su 
génesis pretende recoger con generosidad a toda una época. Cobrar cover es una 
práctica descortés que les funciona muy bien a las discotecas, pero que aquí 
está fuera de lugar. La verdad, hubiera querido ver más gente en La Otra. Sin 
duda fue un gran esfuerzo y debemos apreciarlo mejor. Jairo Valenzuela debe 
estimular todas las críticas posibles y aprovecharlas para que en una próxima 
oportunidad, el evento no sea tan oneroso ni para él ni para los ciudadanos y 
ciudadanos ávidos de cultura pensada, es decir, decidida a transformar nuestras 
compulsiones atávicas. Las lisonjas sólo son apreciadas por los tiranos.

Finalmente, y a propósito de sospechas. Gina: ¿no es esta una oportunidad para 
hablarnos con verdad, sin máscaras ni simulacros? Podría considerar revelar en 
Esfera Pública, ¿cuál es el superyó invisible que maneja los hilos de su 
delicada y perspicaz escritura? Usted ha hecho aportes importantes a las 
discusiones de Esfera, me he quitado el sombrero en varias oportunidades. ¿No 
cree que el diálogo será mucho más razonable y generoso si todos nos quitamos 
las capuchas en donde impunemente nos refugiamos? Atrévase ya que hace parte 
importante de esta familia disfuncional que es Esfera Pública como expresión de 
nuestra época.

Jorge Peñuela

discusión >
http://esferapublica.org/nfblog/?p=6247

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