Excusen mi plumografía: agradezco el libro. Recuerdo una pasaje, no sé
en qué punto de El Antiedipo, donde Deleuze indicaba que sólo
modificando el deseo propio hasta la raíz se podría proponer un cambio
social. Si alguien sabe del lugar de esa reflexión en la obra, lo
agradecería.

Las gracias obligan porque estoy trabajando el tema de la envidia,
como in-videre, como fundamento del llamado biopoder y de las
minúsculas operaciones de la vida cotidiana. El asunto interesa a las
artes, porque mediante la tercera forma del carnaval (uno es el de
Wagner Beureuth, otro el del pueblo: elitelere o folclor), el de la
publicidad como conjunción esotérica de todas las artes, las letras y
la tecnología, se "captura" (audiencia cautiva) el deseo para producir
un cálculo infinitesimal de saciedad y hambre respecto a los mínimos
pero absolutos paraísos: celular, cámara, la baguette de Carulla,
etcétera. El in-videre es un no ver viendo demasiado, una fijación
hipnótica de la mirada seducida por la Medusa que impide orbitar  la
visión o disponer la estereofonía de la escucha. Va una perla, de
Musil, Diarios, tomo 1: 323, Bogotá: Ramdon House: 2006:

"Punto de partida para una reflexión política: esta reflexión debería
partir del punto de vista práctico. Todas mis ocurrencias son
ideológicas. Así pues: el sentimiento básico de cualquier política
alemana (europeo occidental) es el pequeñoburgués. El obrero, por su
naturaleza, un pequeño burgués o una variante de éste. La población
rural está en camino de serlo. ¿Qué pretende (necesita) un
pequeñoburgués? Salir adelante. Una actividad soportable. Un poco de
distracción y de variación. In summa, la libertad de envidiar" .

Bueno, no más, gracias,

Gabriel Restrepo




cartografías del deseo >
http://esferapublica.org/cartografiasdeldeseo.pdf

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